Tuesday, March 3, 2009

Lo que pasa en Miami, se queda en Miami

Hace 5 años la conocí. Todo comenzó al ganarme un concurso.

Iba caminando por la Calle Sea View en el Condado cuando un caballero de ropa muy colorida se acercó a mi para venderme un boleto para un concurso. El premio, 5 días y 4 noches en el Bamboo Resort en Miami. Tres meses más tarde recibí una llamada en la que se me informaba que había ganado el premio.

Luego de registrarme en el hotel, me dirigí a reclamar el trago de bienvenida que se me había obsequiado. Ella estaba allí, sentada en la barra. Me miró, yo la mire. El ambiente palidecía ante su belleza. Luego de varios minutos de intercambiar miradas, me pidió que me le acercara. Emprendimos una conversación que nos llevo a los más recónditos lugares de nuestras almas. La conexión fue instantánea. Allí mismo me arrodille y le pedí que se casara conmigo. Inmediatamente aceptó y corrimos a la capilla del Resort. Suerte para nosotros que el Resort contaba con ésta, ya que esperar un día más sin tener esa amazona a mi lado sería un purgatorio.

Celebramos nuestra unión en la discoteca del Resort. Mi cuerpo latía de solo pensar en nuestra primera noche juntos. Debo confesar que esta sería mi primera mujer. Cuantas personas pueden decir eso. Un solo amor, un solo cuerpo.

Bebimos hasta que nuestros cuerpos no podían más. Todo se nubló. Debió ser el amor o los tragos que la Sra. Valium continuaba dándome.

Luego, al despertar el mundo se me vino encima. Mi cabeza daba vueltas y el dolor era insoportable. Había partes de mi cuerpo que no sabia podían doler. Un pequeño perro poodle lamía mi culo, el cual estaba algo adormecido. Mire hacia la izquierda y ahí estaba un pequeño aborigen de inmensas proporciones que constantemente me decía: “Mapenzi Mkundu”, a la vez que movía la cabeza en gesto de negativa mientras sonreía pícaramente. A mi derecha un dildo doble cabeza embadurnado en un ungüento aceitoso. Y mi amazona había desaparecido.

Tres meses después recibí la noticia. Mi matrimonio había sido anulado y el perro poodle, el cual ya me tenía acostumbrado a su juguetona lengua, debía ser devuelto, ya que ella reclamaba su custodia.

Aun me pregunto que habrá pasado esa noche, la noche que me iba a hacer o me hice hombre. Mi terapeuta ha tratado con regresión hipnótica y lo único que ha podido sacar de mi es una frase: “Sácalo que me ahogas!!!”

No pasa un segundo sin preguntarme donde esta mi amazona.

Todavía tengo comunicación con el aborigen.

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